viernes, 25 de febrero de 2011

Qué se hace...

Qué se hace
Con el dolor de alma
Con las lágrimas que no caen
Con la sangre que se agita
Con el grito que no sale
Con la furia que hierve
Con la parálisis políticamente correcta

Qué se hace
Con la impotencia
Con la frustración
con el desconcierto
Con la espera
Con la esperanza
Con el no saber

Que se hace
Con lo inexorable
Con lo prohibido
Con lo temido
Con lo desconocido
Con lo añorado
Con la vida, y con la muerte.


Febrero 2010.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Uno

Uno no elige la situación en la que nace.
Nace en la situación y época que le tocan en suerte, o en desgracia.
Tampoco elige la familia, ni el color de pelo, de ojos o estatura.
En definitiva, uno no puede elegir que ser. Sólo puede elegir, dentro de los parámetros que le tocaron, cómo ser.
Y ésto también es relativo, ya que experiencias y conocimientos adquiridos durante la infancia, es decir cuando la voluntad no es absolutamente propia, sino que es reglada o manipulada por la voluntad de los adultos que nos rodean, nos condicionan, marcándonos a fuego por el resto de nuestras vidas.
Con todo este protocolo, digo: "Dentro de mis limitaciones físicas, emocionales e intelectuales, estoy orgullosa de ser quien soy y como soy".
Ésto significa que en tiempo de vida que dedicado a formarme como persona íntegra: física, mental e intelectualmente,  he trabajado a brazo partido para ser lo mejor posible, dentro de mis límites. Y el resultado de ese esfuerzo, me agrada.
No podría decir que soy feliz, porque no creo en la felicidad.
Pero conocí el amor, el dolor, la alegría y la tristeza.
Sé del desvelo de la preocupación y del sueño reparador de saber la tarea cumplida.
Creo en Dios. Y  por sobre todas las cosas creo en mí.
Creo en lo que soy, en lo que fui y en lo que seré.
Creo en todo lo que hice. Y en lo que voy a hacer.
Sé que cometí errores y que seguiré cometiéndolos.
Nunca dañe intencionalmente a nadie, ni lo haría.
Soy buena amiga de mis amigos, y me reconocen así.
Soy buena hija y buena madre.
Hasta fui buena esposa.
Soy buena. Esencialmente buena.
Y trato de rodearme de gente como yo.
A veces me equivoco. La mayoría, no.
No me gustan la ironía ni el cinismo. No soy irónica ni cínica, y menos respecto del amor.
La filosofía de café me fascina como ejercicio intelectual, igual que el Tetris o el Sudoku, pero no para la vida.
Para mí la vida, es una fuente inagotable de placeres, satisfacciones y responsabilidades.
Y así la vivo.


Esta es una carta escrita en el 2004 a un caballero que me cansó de estupideces.